El estrés térmico es uno de los desafíos más importantes para la producción avícola, especialmente en regiones tropicales y durante periodos de alta temperatura y humedad.Sus efectos son fácilmente reconocibles: disminución del consumo, menor ganancia de peso, deterioro de la conversión alimenticia y, en situaciones severas, aumento de la mortalidad. Sin embargo, existe otro efecto menos visible y potencialmente muy importante: el daño sobre el ecosistema intestinal.
Cuando un pollo está sometido a altas temperaturas, los cambios fisiológicos asociados con la termorregulación pueden comprometer la morfología intestinal, alterar la microbiota y aumentar la permeabilidad de la barrera intestinal.
Por esta razón, la pregunta ya no es solamente cómo mantener al ave fresca, sino también:¿cómo proteger su intestino durante un periodo de estrés térmico?La investigación científica ha encontrado en los probióticos una herramienta interesante dentro de una estrategia integral de manejo del estrés.
Lo que encontró la ciencia
Un ensayo especialmente interesante fue publicado por Song et al. (2014) en Poultry Science.
Los investigadores utilizaron 360 pollos Ross 308 machos de 21 días, distribuidos en cuatro tratamientos.
Desde los días 22 hasta 42, algunas aves permanecieron a una temperatura de 22 °C, mientras que otras fueron sometidas diariamente a 33 °C durante 10 horas, regresando posteriormente a 22 °C.
Además, parte de las aves recibió una mezcla probiótica formada por:
Bacillus licheniformis.
Bacillus subtilis.
Lactobacillus plantarum.
El estrés térmico produjo cambios claros en las aves: disminuyó la ganancia diaria de peso y el consumo, redujo las poblaciones intestinales de Lactobacillus y Bifidobacterium, aumentó coliformes y Clostridium y deterioró la estructura de las vellosidades intestinales.Pero uno de los resultados más interesantes ocurrió en la barrera intestinal.
Las aves sometidas a calor presentaron mayor permeabilidad intestinal y una menor expresión de proteínas esenciales para mantener unidas las células del epitelio, entre ellas occludina y zonula occludens-1 (ZO-1).En otras palabras, el estrés térmico no solamente afectó el crecimiento: comprometió físicamente la capacidad del intestino para funcionar como barrera.
¿Qué hizo el probiótico?
Los resultados son especialmente interesantes porque permiten entender que el efecto de un probiótico durante un periodo de calor puede ir mucho más allá de la conversión alimenticia.
La suplementación probiótica aumentó significativamente las poblaciones intestinales de Lactobacillus y Bifidobacterium y disminuyó las poblaciones de coliformes.
También aumentó la altura de las vellosidades yeyunales y la expresión de occludina, una proteína fundamental de las uniones estrechas del epitelio intestinal.
Además, los grupos suplementados presentaron una mejor relación alimento.
Los propios autores fueron prudentes: no encontraron una interacción temperatura × probiótico significativa, por lo que no puede afirmarse que la mezcla actuara exclusivamente como un tratamiento contra el calor.
Lo que sí mostró el experimento es que la suplementación probiótica favoreció diferentes componentes de la salud intestinal incluso bajo las condiciones en las que las aves estaban sometidas a estrés térmico.
El intestino también sufre el calor
Este concepto es particularmente importante para el médico veterinario.
Cuando pensamos en estrés térmico solemos concentrarnos en jadeo, temperatura corporal, consumo de agua y mortalidad. Pero el intestino también responde al desafío.El deterioro de las uniones estrechas puede aumentar la permeabilidad intestinal, facilitando el paso de moléculas y componentes microbianos desde la luz intestinal hacia tejidos internos.Además, las modificaciones de la microbiota pueden reducir algunas poblaciones bacterianas consideradas beneficiosas y favorecer otras potencialmente indeseables.Por eso, mantener la integridad de la barrera intestinal se ha convertido en uno de los objetivos de las estrategias nutricionales utilizadas durante periodos de estrés térmico.
Un ensayo posterior realizado por Li et al. (2020) confirmó esta relación. En pollos sometidos a estrés térmico cíclico, la suplementación probiótica mejoró la morfología y función de la barrera intestinal y redujo diferentes indicadores asociados con inflamación, aunque en ese experimento no logró recuperar el desempeño productivo afectado por el calor.
Ese resultado es importante porque recuerda que un probiótico no sustituye el manejo ambiental.
¿Sabías que? Durante el estrés térmico puede aumentar la permeabilidad intestinal incluso antes de que exista una enfermedad digestiva evidente.
En el ensayo de Song et al., las aves sometidas al calor presentaron menor resistencia eléctrica transepitelial y mayor permeabilidad paracelular, acompañadas por una reducción de proteínas relacionadas con las uniones estrechas.Es decir, un ave puede estar sufriendo alteraciones importantes de su barrera intestinal aunque externamente el principal signo que observemos sea el estrés por calor.
¿Qué significa esto para el médico veterinario?
El manejo del estrés térmico debe seguir comenzando por medidas fundamentales:
Ventilación adecuada.
Densidad apropiada.
Disponibilidad y temperatura del agua.
Manejo de horarios de alimentación.
Calidad nutricional.
Control ambiental.
Reducción de otros factores de estrés.
Pero la evidencia muestra que también debemos prestar atención al intestino.
En aves sometidas a altas temperaturas, proteger la microbiota, la morfología intestinal y la integridad de la barrera puede convertirse en un componente adicional del programa de manejo.
Los probióticos pueden formar parte de esta estrategia, pero sus efectos dependen de las cepas, dosis, viabilidad y condiciones de utilización.
De hecho, un estudio publicado en 2025 encontró que la suplementación con Bacillus subtilis en pollos sometidos a estrés térmico mejoró el peso corporal y la ganancia diaria frente a las aves estresadas no suplementadas y produjo cambios favorables en diferentes indicadores de integridad epitelial.
¿Cómo encaja AVYLIFE PRO?
Aquí existe una conexión particularmente interesante con AVYLIFE PRO.
De acuerdo con la información técnica del producto, las situaciones de estrés forman parte de los momentos estratégicos en los que puede utilizarse AVYLIFE PRO dentro de un programa de salud intestinal.
Su formulación multicepa está orientada a contribuir al equilibrio de la microbiota intestinal y apoyar la funcionalidad digestiva de las aves.
La evidencia presentada en este artículo no significa que AVYLIFE PRO produzca exactamente los mismos resultados obtenidos con las cepas utilizadas por Song et al., Li et al. u otros investigadores. Los efectos probióticos son dependientes de la cepa y del programa de utilización.
Sin embargo, estos ensayos proporcionan un fundamento científico relevante: el estrés térmico afecta directamente la microbiota, la morfología y la barrera intestinal, y determinadas intervenciones probióticas han demostrado favorecer estos parámetros bajo condiciones experimentales de calor.
Por esta razón, AVYLIFE PRO puede integrarse como una herramienta de apoyo dentro de un programa preventivo durante periodos de estrés, acompañado siempre por un adecuado manejo ambiental, nutricional y sanitario.
Conclusión
El estrés térmico no es únicamente un problema de temperatura.
También es un desafío intestinal.
La evidencia científica demuestra que las altas temperaturas pueden alterar la microbiota, reducir la altura de las vellosidades y comprometer las proteínas que mantienen la integridad de la barrera intestinal.
Los ensayos disponibles muestran además que determinadas formulaciones probióticas pueden favorecer la microbiota, la morfología intestinal y algunos componentes de la función de barrera durante estos periodos.
Esto no convierte al probiótico en un sustituto de la ventilación, el agua, la nutrición o el manejo ambiental.
Lo convierte en una herramienta complementaria.
En este contexto, AVYLIFE PRO puede formar parte de una estrategia integral de salud intestinal durante situaciones de estrés, contribuyendo al equilibrio de la microbiota conforme a las indicaciones técnicas del producto.
Porque frente al calor, proteger el desempeño también implica proteger el intestino.
Ficha del ensayo científico destacado
Artículo: Effect of a probiotic mixture on intestinal microflora, morphology, and barrier integrity of broilers subjected to heat stress.
Autores: Song, J., Xiao, K., Ke, Y. L., Jiao, L. F., Hu, C. H., Diao, Q. Y., Shi, B., & Zou, X. T.
Revista: Poultry Science
Año: 2014
Volumen: 93(3), 581–588.
Modelo experimental: 360 pollos Ross 308 machos.
Desafío térmico: 33 °C durante 10 horas diarias desde los días 22 a 42.
Intervención: Mezcla probiótica de Bacillus licheniformis, Bacillus subtilis y Lactobacillus plantarum.
Principal conclusión: El estrés térmico deterioró la microbiota, morfología y función de barrera intestinal. La suplementación probiótica favoreció poblaciones bacterianas beneficiosas, altura de las vellosidades, expresión de occludina y eficiencia alimenticia, aunque los autores no observaron una interacción significativa entre temperatura y suplementación.
DOI: 10.3382/ps.2013-03455
Característica
Descripción
Autores
Song et al.
Año
2014
Revista
Poultry Science
Modelo
Pollos Ross 308
Número de aves
360
Periodo Evaluado
Días 22–42
Estrés térmico
33 °C durante 10 horas/día
Probiótico
Mezcla de B. licheniformis, B. subtilis y L. plantarum
Variables
Desempeño, microbiota, morfología y permeabilidad intestinal
Hallazgo principal
El probiótico favoreció diferentes indicadores relacionados con microbiota, morfología y barrera intestinal.